A ella el corazón se le rompió tres veces exactas, por eso prefirió la falta de compromiso de una historia de paso, que esperar a un amor que parecía que nunca llegaría.
Ella se enamoró tres veces, el primer hombre la amo con locura, pero un buen día, barrió con sus esperanzas, la sumió en el olvido y la perpetuó a un silencio póstumo. Años pasarían para que una noche desvelada la atrapara entre sus brazos, la llenara de besos y le prometiera volver al pasado, que ella un poco por orgullo y demasiado desencanto, decidió dejarlo en la memoria de la historia. No hay nada como la satisfacción de sentir que un hombre vuelve y una ya no quiere estar con él.
Ese primer hombre le llevó las ilusiones adolescentes, con él se fueron largas cartas de amor, extensos mares de lágrimas hasta la puerta de su casa, graffitis de invierno y la tristeza más triste del mundo que en ella pareció eterna por los años que duró. Le dejó un par de anécdotas cómicas, charlas de esquina en la madrugada y una tormenta que espantó a todos, menos a ellos dos…
El segundo amor, dio señales, pero nunca actuó, tímido, retraído, abocado a su mundo, no la puso como prioridad y ella en el afán de construir la historia para los dos, hizo y deshizo todo lo necesario para que la felicidad fuera compartida. Sin embargo hay hombres que no miran más allá de sus narices, que no son capaces de leer, ni sentir el inmenso amor que los está albergando.
Así que un día ella decidió ignorarlo, matarlo de su presente y ni siquiera acomodarlo entre el olvido de sus cosas, sólo se marchó silenciosa y así cambió de rumbos, encuentros y hasta de pensamientos.
Aquel hombre inerte, sólo le dejó el recuerdo de su buena estampa, palabras chiquitas guardadas entre frases célebres y demasiado silencio, insoportable de aceptar y de querer compartir…
Así la encontró el tercer amor, con una dirección nueva, con otro color de pelo y con unas ganas locas de sentirse amada, a este lo quiso de todos los modos, enloqueció por él, lo odió hasta al hartazgo y lo perdonó más veces aún.
Este sólo le sirvió para darse cuenta qué clase de hombre no quería volver a repetir, la hirió y ella puso el pecho hasta que un día harta de tantos impactos amorosos y sintiéndose mal querida, lo echó para siempre y para todas las vidas en donde se pudieran encontrar…
El tercero sólo le dejó un dolor grande, un sueño roto y algunos momentos que quisieron ser felices…
Así decidió no amar más, borrar a los hombres de su camino, preferir las historias de un beso y un adiós, que animarse a volar en nuevos sueños románticos…
Descreída, escéptica, una noche lo conoció a Él, que no le prometió bajarle el cielo, que sólo la tomó de la mano para leer las cicatrices que el pasado le había surcado…
Ella intentó escapar, quiso no creer, luchó para no enamorarse, pero el inmenso amor de este hombre imprevisto le cambió los planes, los sueños y todas las convicciones que creía que iban a ser para siempre…
Él supo encontrar las estrategias para abrir los caminos que ella había cerrado hasta la esencia de su alma, él entendió que la fiereza con la que defendía su mundo, era simplemente una forma de resguardarse ante el dolor…
Él no prometió, él hizo, a diario demostró que su amor no era una mentira, y así domesticó a la fiera que un buen día volvió a creer en el amor, ese que jamás le había dado tanto como para soñar en un presente con ansias de toda la vida…
A B. y P.
Publicado en Diario Puntal, 12 de julio de 2009

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