
Sé que insisto en la edad, pero después de determinada época de la vida la mujer padece salir en términos de una cita formal.
Lo que antes implicaba una aventura todos los fines de semana y se llevaba un listado pormenorizado de cada uno de los encuentros, hoy es una experiencia que se analiza en detalle antes de dar el sí para conocer, nuevamente, a alguien.
En determinado momento de la vida las mujeres cambian de hombre y de amores con la rapidez con la que amanece, pero todo es cuestión de tiempo y es allí cuando nos volvemos exigentes.
Los ideales quedaron en el pasado, una mujer, pasando la línea de los 30, quiere a un hombre, aquellos que tienen alma de niños son muy tiernos, pero no tenemos ganas de criar a nadie, ni enseñarles buenas costumbres y aquellos que tienen arraigado el machismo en cada una de sus acciones los queremos lejos, nadie nos dice qué hacer.
Así cómo antes no entendíamos de qué se trataba el proceso de selección, hoy lo comprendemos a la perfección y este arte de elegir a quién queremos a nuestro lado nos convierte en mujeres un poco odiadas, creídas y algunos hasta nos llaman histéricas por la sencilla capacidad de decir que no y animarnos a estar solas.
Cuando una mujer descubre toda su capacidad y el valor que tiene al concretar tantos aspectos de su vida, sin requerir de la ayuda de un hombre, exige exactamente lo mismo del ser que elige que esté a su lado y lamentablemente hay muchos hombres que no soportan que nosotras seamos capaces de ser, en el sentido más pleno de la palabra.
Hay hombres esponjas, que sólo desean absorber a quien tienen al lado y a eso los olfateamos de lejos y allí los dejamos, porque no nos interesa ningún tipo de encuentro con estos usurpadores de espacio, ideas y energía.
Por eso es tan difícil tomar la decisión de salir con alguien nuevo, ante todo debemos predisponernos, tener la certeza de que queremos pasar un buen momento y luego de una primera inspección al susodicho, donde chequeamos su buen olor, preferentemente de perfume importado (lo trucho siempre se nota), que use zapatos y no masque chicle como un adolescente, allí podemos analizar la posibilidad de pasar a otro nivel, léase salir a cenar o ir a tomar algo, la segunda opción siempre te permite escapar más rápido de una situación que no funciona de acuerdo a los planes.
Y cuando llega el momento de la salida en sí, una mujer de 30 sabe que hay aspectos en la vida que están superados, por eso espera sorprenderse de quién tiene al frente, desea una charla interesante, reírse mucho, poder relajarse en una comida, sentir cada determinado tiempo el roce de la otra mano que ingenuamente la toca, quiere ruborizarse un poco porque siente que el individuo que tiene en frente puede leer un poco su mente, ni hablar si es tan sensible como para descifrar su alma, quiere hablar de todo y sobre todo no escuchar las frustraciones del pasado que todos cargamos, quiere sentir la libertad de discutir puntos de vista y ser respetada por ello.
Disfruta de los halagos medidos y naturales que la hacen más bella, de la caballerosidad en los detalles, sin excesos, de no ocultarse ante nada, de poder manejar ciertas situaciones, sin que el hombre se sienta intimidado, de la sensibilidad que el otro puede llegar a mostrarle y de la química que se teje sin presiones, que obviamente es la que llega a buen puerto.
Cuando conocer a otro vale la pena, siempre hay nuevas oportunidades de encuentros y ella se deja ver tal cual es, intentando reconocer en el otro sus aspectos más profundos, cuando por el contrario las citas resultan negativas, su teléfono puede sonar mucho y no lo atenderá o simplemente con un par de palabras explica claramente que no desea ser nuevamente buscada.
Una mujer que pasa los 30, busca hombres que sobre todo en sus cabezas hayan superado la mayoría de edad y entiendan que la madurez es una cuestión de actitud y aptitud en cada encuentro.

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